Por qué no apoyo la casilla a favor de la ciencia
En los últimos días (o casi semanas) no paran de salir en Twitter o Facebook gente que ha firmado en Actuable para implantar una casilla de apoyo a la ciencia en la declaración de la renta. La iniciativa fue idea de Francisco Hernández, científico español en Cambridge, y en pocos días tuvo un éxito enorme entre la ciudadanía. Sin embargo, hay cosas con las que no estoy de acuerdo.
España es, probablemente,el país europeo que peor trata a la ciencia; incluso el Portugal del que tanto nos reímos cuida más a sus investigadores. Podemos hablar de recortes directos, más de 600 millones para este ejercicio, o medidas más “sutiles”, como publicar becas que prometen plazas de investigación aunque luego nunca se creen estos puestos. Hasta ahí podríamos ser un triste país pobre, que olvida la ciencia para centrar en estadios o carreteras.
Lo malo es que la gente parece echarse a las calles por los recortes en ciencia pero por la mañana corren a leer el horóscopo. Los mismos que defienden terapias alternativas para el cáncer y consumen sin descanso productos homeopáticos. Bueno, y los que llevan la homeopatía a la universidad, creando una cátedra genial en colaboración con los laboratorios Boiron. Y no pasa nada, señores. ¿Qué va a pasar, si una ministra de Sanidad puede llevar Power Balance y todos defienden su derecho a hacer lo que quiera?
Defender la casilla para la ciencia es una opción cobarde y bastante mojigata. Equipara la ciencia y la investigación, uno de los mayores pilares del sector público, con la religión. Si existiera la casilla, ¿los fondos para la ciencia solo saldrían del resultado de estas declaraciones del IRPF? Todo esto dejando de lado la estupidez de la propia casilla, que también tiene tela. La ciencia española se muere a diario y la matamos entre todos. No luchemos por la casilla de la ciencia, sino por un mayor peso en los presupuestos generales del Estado. Si no, veremos a Iker Jiménez de ministro de ciencia. Ah, no, que ese ministerio ya no existe.
Leonard Cohen
Leonard Cohen no es un cantante, no es un poeta, no es un escritor. No cantaba, no escribía ni en verso ni en prosa. No reunía palabras bonitas que te hicieran sentir, no jugaba a colocar sonidos y metáforas con cierto orden. Cohen no tenía historias profundas que contar, personajes que fueran reales o universales, escenas que arrebataran hasta el último suspiro.
Leonard Cohen es un hombre. Desea a las mujeres, a todo tipo de mujeres, y de todos los modos. Cohen quiere que le hagan una mamada en una cama desecha. Quiere quedarse días mirando el río, junto a su amor. Quiere crack y sexo anal. Arrebató mujeres, fue infiel, se hartó de alguna y le dijo adiós, hasta la vista.
Leonard Cohen es un sentimiento. Cohen siente las palabras, los acordes, y se derrama sobre ellos, majestuosamente. Cohen siente la revolución, los pasos hacia el cadalso o hacia la victoria. Siente la verdad, la realidad más absoluta que todos sabemos y ninguno queremos sentir. Cohen siente la salvación en el amor, siente que la vida es un inmenso gracias a algo superior, un eterno aleluya.
Leonard Cohen es Lorca. Es la noche, la luna, la novia gitana. Cohen es el salón en Viena, el vals lleno de sí, de muerte y de coñac, el vals que nunca termina. Cohen y Lorca son los espejos donde juegan tu boca y los ecos. Cohen y Lorca son los jacintos, las ventanas, las mujeres bonitas. Ambos son el deseo, la pasión, el fuego.
Leonard Cohen es mucho más que un hombre, un sentimiento, o un poeta muerto. Leonard Cohen es el suspiro de tu espalda cuando te emocionas, el último beso bajo la lluvia, la despedida de una carta escrita de noche. Leonard Cohen es lo que sientes, y no lo notas.
Qué lejos queda el 15-M
Ya han pasado las elecciones, y aunque seguimos con pactos regionales y congresos del PSOE, la política parece haber vuelto a ocupar su lugar de siempre. Los políticos siguen gobernando, las leyes siguen aprobándose, y las plazas de media España siguen ocupadas en acampadas que siguen reclamando el cambio. Sin embargo, los medios de comunicación que parecían haberlos comprendido los han vuelto a abandonar, y mucha gente se pregunta por qué siguen celebrando asambleas y organizándose en más comisiones de trabajo, si los comicios del domingo ya han teñido el mapa de azul.
Como siempre, nadie comprende a los “indignados”. Entre todos les pusieron ese apodo – porque tenían que tener un apodo, no podían
llamarse 15-M, un nombre poco comercial -, entre todos los animaron a seguir luchando por un futuro mejor, pero ahora vuelven a estar solos. Desde la acampada de Zaragoza lo repetimos mil veces: “esto no acaba el domingo, porque ese no es su objetivo”, pero a nadie le importó. La prensa vendió este movimiento como una oleada de indignación contra este gobierno, estos políticos, sin ver que la crítica era contra todo el sistema. Los tertulianos de todas las cadenas los elogiaron cuando descubrieron que contaban con un enorme apoyo, pero ahora piden que acabe para que el orden se mantenga. Para que el sistema que tanto criticamos, que tanta gente critica, se mantenga.
El movimiento del 15-M, las protestas de los “indignados”, o como lo quieras llamar, ha recibido tanto apoyo porque no persigue un fin concreto, pero tiene muy claro lo que quiere. Los puntos básicos que reclama la acampada de Sol son medidas concretas que conllevan otras mejoras del sistema. Una reforma de la ley electoral acaba con el bipartidismo y el trato de favor a algunas comunidades autónomas porque cuentan con diputados en el Congreso, muy útiles para aprobar las leyes. Una separación de poderes efectiva acarrea tribunales independiente, que no actúan con coherencia y no de acuerdo a los partidos que dominan las cortes. Si pedimos una democracia real, lo hacemos porque no existe, y unas elecciones locales y autonómicas no nos la traerán. Está claro que el movimiento tendrá que reorientarse, pero queda indignación para muchas más noches de acampada.
Qué son las acampadas (mi visión de #acampadazgz)
A estas alturas, todos sabemos que hay gente acampada por toda España, que como mínimo se quedarán hasta el domingo. Repito, como mínimo. Tertulianos, partidos, gente que no escucha pero critica siempre; todos ellos afirman que estas manifestaciones buscan un cambio de voto el domingo, y dependiendo de las simpatías de cada uno, culpan al otro gran partido de organizar todo esto. Pensemos un momento: ¿realmente tiene un partido el poder para movilizar a toda esta gente, tan diferente entre sí? Si media España ha salido o ha querido salir a las calles, es porque este movimiento viene de ellos.
En cada asamblea, en cada discusión, siempre aparecen jóvenes y jubilados, universitarios y parados, obreros o trabajadores sociales. En cada asamblea todos escuchan y aplauden a republicanos, conservadores o anarquistas. Una multitud, un grupo de personas diferentes, pero unidas ante los mismos errores, furiosas con las atrocidades del sistema actual, donde unos pocos privilegiados viven del resto de la sociedad. Donde el dinero impera sobre la felicidad, donde lo importante es poseer, y no ser. La acampada de Zaragoza, como las del resto de España, busca todo eso.
Con un grupo tan heterogéneo, muchos periodistas no han tardado en acusar a toda esta “revolución” – las comillas son más que necesarias – de no tener un plan, un ideario, un objetivo. No se dan cuenta de que estas acampadas no pueden tener un programa electoral, porque no son un partido. Su poder no está en ser catedráticos + técnicos + diplomáticos. Su éxito es que son el pueblo, y entre todos nosotros compartimos la soberanía. Queremos que nuestros gobiernos sean más cercanos, más justos. Queremos una política que vuelva a nosotros, cuyo fin sea el pueblo y no las fortunas personales. Queremos una democracia que recoja nuestra voluntad y nuestras necesidades, que viva en la calle, el hogar del pueblo. Es hora de reclamarla otra vez para nosotros.
PD: Échale un vistazo al blog de #acampadazgz, que ha sido la responsable de esta entrada (totalmente subjetiva, por cierto).
Corte Penal Internacional (bueno, menos en Occidente)
Gadafi acusado en un juicio recto, la imagen con la que soñaban miles de personas, podría hacerse realidad. De momento, se trata de una petición del fiscal de la Corte Penal Internacional; todavía necesita la aprobación de los jueces, que quizás pidan más pruebas. Lo más interesante es la reacción del viceministro de Exteriores libio, Khalid Kaim, acusando al CPI de “juguete de la Unión Europea pensando para perseguir dirigentes africanos.” Y aunque solo sea en esta ocasión, el gobierno libio tiene mucha razón.
La Corte Penal Internacional nace en 1998 con el Estatuto de Roma, después del genocidio ruandés y las matanzas en la ex-Yugoslavia. Es un organismo independiente de las Naciones Unidas – no debemos confundirlo con la Corte Internacional de Justicia - que juzga los crímenes de genocidio, guerra y contra la humanidad. Desde su creación, la CPI ha investigado 5 casos que han entrado en su jurisprudencia: Uganda, República Democrática del Congo, Darfur (Sudán), República Centroafricana y Kenya. Como dicen desde Libia, este tribunal solo ha juzgado personas y crímenes africanos. ¿Podría haber actuado contra algún país “occidental”?
Parece evidente que hoy ningún país occidental comete genocidio – solamente se centran en colectivos “muy peligrosos” como los talibanes y los chechenos – o crímenes de guerra, pero únicamente porque ya no se declara la guerra; los ejércitos solo participan en misiones humanitarias. Por no hablar de los crímenes de lesa humanidad, que pueden ser cualquier “otro acto inhumano de carácter similar que cause intencionalmente
grandes sufrimientos o atente gravemente contra la integridad física o la salud mental o física.” ¿Qué gobierno no ha cometido alguno de estos tres tipos de delitos?
La gran diferencia: cuando se dan estos crímenes en Occidente, son juzgados por los tribunales de cada país. Claro, porque los tribunales de Occidente – esa gran idea de incierta pero terrible realidad – son válidos y legítimos, mientras que los demás no lo son. Nosotros, solo nosotros, podemos decidir qué jueces y qué crímenes son los adecuados. Luego vienen crímenes como las violaciones masivas de mujeres en Colombia o México, los estados autoritarios de Rusia y Bielorrusia, o los asesinatos extrajudiciales de Estados Unidos, cuyo ejemplo más reciente es Bin Laden. Somos Occidente, hicimos las reglas. Algún privilegio debemos tener, ¿no?
