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La historia ya no tiene tiempo para símbolos
Símbolo.
1. m. Representación sensorialmente perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada.
Ahora la historia se hace sin símbolos, y por eso no dura. Internet, Twitter, la información en tiempo real, todo esto ha acabado con nuestra capacidad para construir símbolos, ideales. Las imágenes poderosas siguen ahí, pero no tienen tiempo para fijarse en nuestra mente. Como dice Ramón Lobo, “las noticias internacionales ya no se mueven de hecho en hecho, ahora lo hacen de acontecimiento histórico en acontecimiento histórico.” No se trata de que haya más reportajes o más crónicas, discusiones que aburren a los que no son periodistas, sino de que haya poso, tiempo para volver. Tiempo para que una guerra se concentre en una sola foto, en un vídeo.
Hablando con unos amigos, (casi) todos coincidimos en que el último símbolo de un acontecimiento internacional es la caída de la estatua de Sadam Hussein, en 2003. Después vino Obama, pero eso es puro marketing. En esa estatua estaba todo el régimen iraquí,
todas las torturas y asesinatos, todo el mal en el mundo. Por eso, cuando cayó supimos que realmente ”"”"”"”"habíamos ganado”"”"”"”". Después vinieron imágenes que podrían haber sido símbolos muy potentes, como el parlamento destrozado de Haití, perono tuvieron la misma repercusión. No porque no fueran tan importantes (o al menos, no solo por eso), sino porque no tuvieron el suficiente calado.
Hoy, el gobierno de Báhrein ha derribado el monumento de la Plaza de la Perla, donde se concentraban todas las protestas. Estamos a tiempo de destruir el símbolo, habrán pensado. En la mente de muchos está la plaza Tahrir, centro de la revolución egipcia, y lugar llamado a convertirse en símbolo de no haber aparecido el ego de Gadafi. Pero Tahrir, la plaza de la libertad, no tuvo tiempo para florecer y ser un símbolo, y ahora es un simple recuerdo. El recuerdo de cómo un país derrocó, pero no el símbolo de la lucha por la libertad.
Hay vida más allá de Wikileaks
Aviso para navegantes: defiendo firmemente a Wikileaks, y creo que es lo que necesita la “democracia mundial”, si es que algún día
nos atreveremos a usar ese término. Pero lo que no estoy dispuesto a aguantar es que el juicio contra Julian Assange, una persona más de Wikileaks (el jefe, pero no el único), colapse los titulares de medio mundo, mientras pasan miles de cosas ahí fuera. Pero claro, no tienen el embrujo de Assange, esa cara que aspira a convertirse en símbolo de la lucha del nuevo siglo, el sucesor del Ché Guevara.
¿Y qué es eso tan importante, que nadie le presta atención? Cosas rutinarias, oficiales, que antes servían para congregar a todo el mundo: la entrega de los premios Nobel (bah, un mero simbolismo del sistema capitalista), la cumbre del clima en Cancún (bah, una foto más para tapar bocas), por no hablar de la sempiterna guerra en África, esta vez personificada en Costa de Marfil (¿pero no estaban ya en guerra?). Pero además es que hoy iba a ser el final del sistema financiero, gracias al ex-futbolista y neo-filósofo Cantona (bah, se veía venir que era solo publicidad). Vamos, que temas, haylos.
Hagamos como propone Wikileaks: pongamos todo en tela de juicio. ¿Por qué ahora el boom es la detención de Assange? Ya vemos visto las nuevas noticias que han surgido. Pero además, ¿qué ha pasado con el campamento de Al Aauín? El conflicto ha crecido, pero no miramos al sur, sino al norte. ¿Qué ha pasado con el gran cambio que iba a suponer Wikileaks? ¿Couso? ¿Ley Sinde? El mandamiento número uno del gran “no-somos-periodistas-pero” es que ellos son solo el primer paso para el cambio, para mejorar la democracia: ellos revelan, nosotros actuamos. No olvidemos que muchos casos denunciados por Wikileaks no están cerrados, así que centrémonos en eso, en vez de apoyar esa cortina de humo que es el juicio contra Assange. Y por si acaso, bajaos su seguro de vida.
Realidad, ¿para qué?
Los periodistas tienen muchas máximas molonas, y hoy me importa mucho una de ellas: “Nunca dejes que la realidad estropee un buen titular”. No tenemos más que mirar una televisión o un periódico para ver un ejemplo de ello: Fago acude a nosotros como el espectro de navidades pasadas. Como declara Antonio Alagón a Heraldo de Aragón (sin haberlo deseado me ha salido un pareado): “Ya estuve en la Audiencia de Huesca hace casi 20 años en el juicio contra la ‘Dulce Neus’. Entonces había más público que periodistas, hoy es al contrario.”
La vida es una ironía perpetua, y justo en estos días se cumplen 50 años del asesinato de la familia Clutter, en el que se basa “A sangre fría“, la renovadora del periodismo. Los reporterillos españoles creen haber encontrado una historia igual, con todos los
ingredientes de una novela de Agatha Christie. Un pueblo pequeño de montaña, con calles estrechas y familias que se conocen y se odian. Y ya sabemos lo que luce la nieve en la pantalla. Además, un malo, Santiago Mainar, con unos rasgos que verdaderamente son de malo, y una mirada capaz de llenar toda la portada.
Aviso a los estudiantes de publicidad: tomad nota, porque este juicio es una mina. Si los medios no saben qué hacer, se montan barracones especiales para alojar a todos los medios. Así seguro que piensan que es un acto imprescindible. Y bingo, el Telediario de TVE abre con Fago y Mainar. El sistema funciona, como todos sabemos y odiamos. Aunque su funcionamiento, esa ya es otra historia. Una historia que espero ser capaz de contar más adelante.
