El Nobel de Obama

No lo voy a negar: yo también me he sorprendido del nobel Obama (aquí para ver la declaración en inglés) . Y sí, también yo voy a hablar de la noticia del día, aunque ya empiece a anochecer. Después de leer varios artículos y miles de comentarios, hay una frase que se me ha quedado grabada a fuego: no podrán decir que ha habido discriminación. Una vez más, el color de piel del presi-héroe de los Estados Unidos es motivo de chiste. Pues ahora digo yo: sí hay discriminación, pero de la más normal y corriente, la que aplica el hombre normal al del 3º mundo. Solo se premia al africanito o chinillo de turno porque ha sudado sangre para conseguir un rasgo occidental. Pero no quiero hablar de esto.

Quiero hablar de la realidad. No de si es real cómo se enteró Obama de la noticia (para que fuera más bucólico, solo faltaba que Obama estuviera dando de comer a un pájaro con un ala rota), sino de la realidad en la que vivimos, la que se premia. Como analiza Javier Valenzuela en El País, es “una recompensa a una visión diferente del mundo.” Leemos y descubrimos que Obama ve un mundo multicolor, Obama opta por el diálogo, Obama piensa, Obama asume, pero ¿qué hace Obama? Estoy de acuerdo con todo lo que dice, pero Obama no ha actuado, no ha cambiado el mundo. ¿Ahora se premian las palabras bonitas y las sonrisas que duran y duran?

Si nos estrujamos los sesos, nos podemos imaginar qué es lo que pasa: política. Suecia tiene en sus manos algo más que un premio, y es que el Nobel trae un prestigio que algunos creen muy poderoso. Parece lógico que el Comité Nobel Noruego ha querido afianzar posiciones y reforzar el liderato del hombre que quiere (y queremos) convertirse en el líder de Occidente. De esta forma, se aglutinan bajo su bandera (occidental, capitalista, democrática, dale el nombre que quieras) los ciudadanos de medio mundo, convencidos de que es lo mejor. Unidos, jamás serán vencidos por las amenazas islamistas, chinas o incluso rusas, vete tú a saber.

Sí, se premia una visión del mundo, pero ante todo se utiliza el premio para mantener una visión fuerte del mundo, con Estados Unidos a la cabeza y el resto de Occidente detrás. Porque ¿quién iba a oponerse a un premio Nobel, a pesar de que en Israel es más impopular que su antecesor George W. Bush? El poder “intelectual” ayuda al poder real a que nada cambie, o al menos a retrasar los cambios. Obama dice que no está preparado. Quizás, solo quizás, se ve sobrepasado.

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