Comunicación y poder, y los periodistas en todas partes

[Los medios] No son el Cuarto Poder. Son mucho más importantes: son el espacio donde se crea el poder.
Manuel Castells

3 meses después de que saliera a la luz hoy he acabado Comunicación y poder, de Manuel Castells. Y me veo obligado a escribir una entrada sobre él, porque sería un castigo no compartirlo. Prometo que no acabaré como otros muchos estudiantes de periodismo, que al final acaban hablando de la película estrenada ese viernes porque “es un blog cultural”. Esto no es cultura, es periodismo, y por tanto debe ir más allá. Y el libro del que voy a hablar es un claro caso de periodismo; teoría de la comunicación, puede ser, pero periodismo al fin y al cabo.

De acuerdo a la contraportada del libro, Castells se ha convertido en uno de los referentes de la sociedad actual, de la era de las redes. Solamente en la obertura, ya aparece un término que me ha seducido, hasta el punto de incluirlo en mi vocabulario: autocomunicación de masas, término referido a la capacidad de las personas de producir información por ellos mismos, y nutrirse de esa información sin necesidad de acudir a los medios (dejo también el artículo original). Pero ese término es viejo, y sigue hablando de cómo las personas deciden en tiempos de crisis según dos sentimientos básicos: ansiedad (buscan más información, contrastan sus conocimientos) e ira (se reduce el análisis de la información). Controlando estos dos puntos, los medios pueden guiar muy fácilmente a su público.

Sin embargo, los medios no tienen el control absoluto, los medios son también parte de lo que Castells llama enmarcado de la información. Desde el político de más alto nivel hasta la ciudadanía, todos deciden qué es información, qué es noticia, y además contribuye a crearla. El Gobierno influye sobre las demás elites, que a su vez manejan los medios de comunicación, que establecen marcos de información para gestionar la opinión pública. Por supuesto, esta cadena también funciona al revés. Cuando el Gobierno estadounidense y las demás elites establecieron la Guerra de Irak como guerra contra el terrorismo, los medios asumieron ese marco, obligando también a los políticos a seguir con esa mentalidad.

Por último, una buena parte del libro está dedicado a algunos movimientos que han utilizado la sociedad red para lograr sus objetivos. Estos son el movimiento ecologista, las manifestaciones tras el 11-M y la campaña de Obama en las primarias presidenciales de 2008 (artículo de Castells en la Vanguardia). Resulta interesante comprobar cómo conforme aumenta la utilización del móvil, Internet o redes sociales, mayor es la reacción de la gente, pero sobre todo mayor es el compromiso del público. Aunque eso sí, al establecer relaciones más personales con el pueblo, los dirigentes están más controlados, como es el caso de Obama. Como dice Castells, por primera vez contamos con la tecnología para controlar a nuestros “amos”. Es nuestro deber utilizarla.

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