Corte Penal Internacional (bueno, menos en Occidente)

Gadafi acusado en un juicio recto, la imagen con la que soñaban miles de personas, podría hacerse realidad. De momento, se trata de una petición del fiscal de la Corte Penal Internacional; todavía necesita la aprobación de los jueces, que quizás pidan más pruebas. Lo más interesante es la reacción del viceministro de Exteriores libio, Khalid Kaim, acusando al CPI de “juguete de la Unión Europea pensando para perseguir dirigentes africanos.” Y aunque solo sea en esta ocasión, el gobierno libio tiene mucha razón.

La Corte Penal Internacional nace en 1998 con el Estatuto de Roma, después del genocidio ruandés y las matanzas en la ex-Yugoslavia. Es un organismo independiente de las Naciones Unidas – no debemos confundirlo con la Corte Internacional de Justicia – que juzga los crímenes de genocidio, guerra y contra la humanidad. Desde su creación, la CPI ha investigado 5 casos que han entrado en su jurisprudencia: Uganda, República Democrática del Congo, Darfur (Sudán), República Centroafricana y Kenya. Como dicen desde Libia, este tribunal solo ha juzgado personas y crímenes africanos. ¿Podría haber actuado contra algún país “occidental”?

Parece evidente que hoy ningún país occidental comete genocidio – solamente se centran en colectivos “muy peligrosos” como los talibanes y los chechenos – o crímenes de guerra, pero únicamente porque ya no se declara la guerra; los ejércitos solo participan en misiones humanitarias. Por no hablar de los crímenes de lesa humanidad, que pueden ser cualquier “otro acto inhumano de carácter similar que cause intencionalmente grandes sufrimientos o atente gravemente contra la integridad física o la salud mental o física.” ¿Qué gobierno no ha cometido alguno de estos tres tipos de delitos?

La gran diferencia: cuando se dan estos crímenes en Occidente, son juzgados por los tribunales de cada país. Claro, porque los tribunales de Occidente – esa gran idea de incierta pero terrible realidad – son válidos y legítimos, mientras que los demás no lo son. Nosotros, solo nosotros, podemos decidir qué jueces y qué crímenes son los adecuados. Luego vienen crímenes como las violaciones masivas de mujeres en Colombia o México, los estados autoritarios de Rusia y Bielorrusia, o los asesinatos extrajudiciales de Estados Unidos, cuyo ejemplo más reciente es Bin Laden. Somos Occidente, hicimos las reglas. Algún privilegio debemos tener, ¿no? 

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